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En el año 1985 se realiza en España el traspaso de competencias a las Comunidades Autónomas en materia forestal, con lo que cada Comunidad pasa a crear su propio Plan INFO (Plan de Incendios Forestales), definiendo un dispositivo particular de incendios que se ha ido desarrollando en función de la presión que la sociedad ejercía al plano político a través de las noticias llegadas por la prensa, o tratando de buscar soluciones puntuales a catástrofes acaecidas.  Se nos ha tratado de bomberos forestales en las diversas noticias que la prensa ha difundido sobre nosotros. Esto da una imagen de nuestro colectivo a la sociedad que lo equipara al de cuerpos de emergencia como el de bomberos urbanos. Sin embargo no es así. Nos guste o no, no se nos puede calificar de profesionales. Somos lo mejor con lo que cuenta la nación en la actualidad, pero eso se ha conseguido en la mayoría de los casos a base de formación autodidacta campaña tras campaña entre las llamas, o en el caso de las brigadas helitransportadas a través de la experiencia transmitida por los técnicos.
Finalizada la campaña en la mayoría de dispositivos se termina el contrato de los trabajadores, y probablemente la campaña siguiente muchos de ellos no repitan por haber encontrado un trabajo mucho menos estacional. La veteranía adquirida tras la campaña se pierde al inicio del siguiente verano; eso basta para no calificar al cuerpo como profesional. No obstante sí debemos recalcar que algunos dispositivos han hecho un esfuerzo en su avance alargando el contrato de sus trabajadores entre seis y ocho meses. Por otro lado, la secuencia lógica de actuación en un dispositivo profesional debería constar de cuatro fases: prevención, detección, extinción, y restauración de áreas incendiadas. Evaluando cada una de ellas se observan razones de por qué los dispositivos a nivel general no son profesionales:
 1. Prevención: Incluye sobre todo (además de otras muchas labores que se definirían como prevención integral, tales como concienciación, creación de juntas vecinales, estudios sociológicos, denuncia de basureros ilegales, vigilancia disuasoria o quemas controladas) las labores de tratamiento silvícola en el monte: podas, clareos, desbroces, limpieza de cortafuegos, adecuación de vías y puntos de agua, creación de áreas cortafuegos… Todas estas labores deben tratarse en época de bajo riesgo, es decir, cumpliendo la repetida frase de “los incendios se apagan en invierno” que no se lleva a cabo por falta de presupuestos destinados a tal fin y de personal para ejecutarlo. 2. Detección: Según los distintos sistemas adoptados como el sistema Bosque o el de detección por satélite aún en estudio, aunque prevalece el tradicional de vigilantes asignados a torretas o casetas. Las condiciones laborales de dichos vigilantes también deberían ser revisadas, pues en ocasiones el estado de los puestos presenta una clara precariedad. 3. Extinción: Es la parte donde estamos más avanzados y donde se destina más presupuesto: helicópteros, aviones anfibios, aviones de carga en tierra, maquinaria pesada, vehículos autobomba, especialistas, y todo el personal que estamos acostumbrados a ver en televisión. A pesar de eso nos quedan asignaturas pendientes como la extinción en grandes incendios, coordinación entre dispositivos de distintas Provincias o Comunidades, vigilancia de perímetros, incendios de interfase, y tantos otros. 4. Restauración: A nivel general se puede decir que es una disciplina totalmente inexistente. Prácticamente no se ejecutan más labores de restauración que la creación de diques para evitar la pérdida de erosión por escorrentía. No se realizan repoblaciones, con lo que la superficie a defender disminuye cada año. Viendo la pobre descripción de las etapas de actuación en los dispositivos nacionales actuales se nos hace difícil hablar de una calificación profesional. La realidad es que la defensa contra incendios forestales se sustenta en su mayor parte de un colectivo de trabajadores de carácter eventual, que sobrevive los meses de invierno buscando oficios que nada tienen que ver con el suyo, y que sacan adelante los diversos dispositivos amparándose en su vocación, muchas veces con más idealismo que preparación. El carácter estacional del sector hace que cada vez abandonen más veteranos en pro de otros trabajos, y se deba contratar a gente menos cualificada; esto hace por otra parte que a las empresas no les resulte rentable invertir en formación de unos trabajadoresque van a perder al cabo de unos meses, y en casos de mayor gravedad, tampoco rentala inversión demejores equipos de protección individual.
Dependiendo de qué dispositivo hablemos, las condiciones laborales pueden pasar deser moderadamente aceptables, indignas, a prácticamente insalubres, y si bien es cierto que la naturaleza del oficio hace que los accidentes mortales sean más elevados que en otros sectores y que en ciertos casos resultan inevitables, en otros, estudiando las particularidades del accidente a posteriori, se descubre lamentablemente que se podría haber evitado. Normalmente esa revelación suele ser ocultada por razones políticas, y mientras tanto la población permanece ignorante de nuestra condición. Sin embargo nosotros seguimos combatiendo el fuego. Debido al verano negro que hemos tenido, en el que las muertes habituales de cada campaña se han multiplicado hasta escandalizar a la opinión pública, hemos decidido romper la desunión tradicional entre trabajadores contra incendios, desunión favorecida por la falta de comunicación de nuestro hábitat rural, y luchar por un trabajo digno, por la creación de un dispositivo profesional que proteja nuestros montes con mayor seguridad para sus protectores. |